martes, 15 de noviembre de 2011

CANTABRIA PRESENTARÁ EN PARÍS LOS ÚLTIMOS DESCUBRIMIENTOS DE ARTE PALEOLÍTICO.

La Consejería de Educación y Cultura presentará en el coloquio internacional de Micro Análisis y Dataciones del Arte Prehistórico en su Contexto Arqueológico (MADAPCA), que se celebra en París del 16 al 18 de noviembre, los últimos descubrimientos en las cuevas con arte paleolítico.El coloquio, organizado por el Museo Nacional de Historia Natural y por el Centro Nacional de Investigación Científica, se dedicará a la discusión científica de los métodos y técnicas de análisis del arte prehistórico.

En él se presentará a la comunidad científica internacional los más recientes avances en el estudio de objetos de piedra decorados de La Garma, de época Magdaleniense (hace unos 16.500 años) a cuyo análisis se están aplicando avanzadas técnicas de microtopografía.
Por otra parte, también se expondrán por primera vez nuevos descubrimientos en la cueva de El Castillo, que a pesar de haber sufrido importantes transformaciones de cara a su apertura a los visitantes, conserva aún interesantes indicios de frecuentación humana subterránea en diferentes épocas de la Prehistoria que dan contexto a su conjunto de arte parietal.


En su intervención, destacará la importancia de revisar de nuevo sitios conocidos de antiguo con mirada y técnicas actuales (como la cueva de El Castillo), y la relevante aportación que supone el conocimiento de nuevos yacimientos arqueológicos intactos con información inédita y abundante que ayuda a contextualizar el arte rupestre paleolítico (como La Garma).
Los objetivos principales del coloquio es coordinar las grandes líneas de investigación aún dispersas en los estudios pluridisciplinares actualmente en marcha sobre las artes de la Prehistoria, elaborar un protocolo pluridisciplinar y normativo de estudio del arte parietal y explotar los recientes desarrollos tecnológicos a fin de renovar y mejorar las condiciones de observación, de análisis y de obtención de datos gráficos, entre otras cuestiones.

El encuentro se organiza en cinco sesiones temáticas consagradas respectivamente a "Las materias del arte prehistórico", "las técnicas de registro gráfico", "la tafonomía de las paredes decoradas: de la alteración a la conservación", "las dataciones del arte prehistórico" y "los contextos del arte prehistórico".

lunes, 14 de noviembre de 2011

RUTH BLASCO,LA NUTRICION EN LA EVOLUCION DEL HOMBRE.

Ruth Blasco, licenciada en Historia y doctoranda en una tesis sobre “La amplitud de la dieta cárnica en el Pleistoceno medio peninsular”, es una voz de referencia en las investigaciones relacionadas con el comportamiento de los homínidos del Pleistoceno medio. Forma parte del equipo de Bolomor, Atapuerca y Coves del Toll-Teixoneres, y es autora de numerosas publicaciones relacionadas con la Zooarqueología y Tafonomía, que van desde la experimentación y su aplicación arqueológica hasta la documentación e interpretación de las estrategias de subsistencia de los grupos humanos del Pleistoceno medio en revistas nacionales e internacionales.

La investigación publicada en la revista científica ‘Journal of Human Evolution’, Earliest evidence for human consumption of tortoises in the European Early Pleistocene from Sima del Elefante, Sierra de Atapuerca, Spain, captó la atención del mundo científico, e incluso, saltó a la información generalista, al ser una de las primeras conclusiones que evidencia que nuestros antepasados más lejanos comían proteínas animales. Hay que tener presente que, hasta ahora, los estudios convenían en que los lejanos homínidos eran, como sus hermanos los gorilas, casi por completo vegetarianos.

Las excavaciones de Atapuerca revelan un ser humano, el de hace más de un millón de años, no tan diferente al actual. Se ha descubierto que su dieta era muy diversa. ¿Cómo configuraba los menús?

El menú de los primeros humanos parece ser más variado de lo que se pensaba. Esos grupos se caracterizaban por ser generalistas en un entorno que les proporcionaba una importante diversidad de recursos. No tenemos aún suficientes datos para definir cuál era su alimentación, pero es evidente que los vegetales jugaban un papel muy importante, complementados con carne procedente de bisontes, cérvidos, e incluso, animales pequeños, como conejos o tortugas. Las estrategias utilizadas para obtener estos animales son otra cuestión. Pensamos que la caza oportunista debía convivir con el carroñeo de cadáveres sin ninguna contemplación.

¿Había una conciencia de las necesidades nutritivas que, guiada por el conocimiento empírico, les llevara a elegir aquello que fortalecía el cuerpo?

Sobre esta cuestión es difícil hablar. Hace un millón de años, se registraron una gran cantidad de cambios morfológicos en los homínidos que, con seguridad, influyeron en su dieta. No sé si de manera consciente o inconsciente, pero parece ser que había una predilección por ciertos elementos del cuerpo de los animales, como el tuétano contenido en los huesos o algunas vísceras, ricas en proteínas y ácidos grasos. Hoy sabemos que estos componentes son esenciales para el buen desarrollo de nuestro metabolismo.

¿Qué otros nutrientes vitales estaban presentes en la dieta?
En primer lugar, hay que tener en cuenta que los homínidos somos omnívoros que procedemos de un antepasado “no muy lejano”, cuya dieta era frugívora (a base de frutas y frutos). Esa es la razón por la cual debemos recurrir siempre a la fruta fresca para no contraer ciertas enfermedades. Sin embargo, algunos investigadores han sugerido que nuestro omnivorismo está determinado por el crecimiento exagerado de nuestro cerebro en torno a esas épocas. Por tanto, los requerimientos nutricionales de los grupos humanos debían ser parecidos a los nuestros y debían obtenerse por una dieta principalmente vegetariana complementada, en la medida de lo posible, con recursos de origen animal que les proporcionarían las grasas y las proteínas necesarias.

De hecho, sus investigaciones preguntan a la Paleontología sobre cuestiones domésticas. ¿Puede afirmarse que las comidas tenían un componente social como en la actualidad?

Quizá no lo tenían en el mismo sentido. Hoy en día, el acto de comer lo usamos para interactuar entre nosotros: comida familiar, de amigos, de negocios. La organización social de los primeros europeos es difícil de inferir debido a los pocos restos que hay, pero algunos elementos sugieren una cierta cohesión social, como el traslado de alimentos de origen animal a las cuevas donde se supone que esperaba el resto del grupo.

La esperanza de vida era muy reducida, pero el ser humano no se extinguió. De la misma manera que ahora, que la alimentación condiciona la calidad de vida y la longevidad, ¿en qué medida dependía de los alimentos la natalidad, el desarrollo y la mortalidad?

Es cierto que las condiciones de vida hace un millón de años debían de ser más duras que ahora y no solo en cuanto a la obtención de alimentos. Sin embargo, en este punto es importante tener en cuenta la distribución territorial de los grupos. Es obvio que, al igual que hoy, una zona con más recursos permitía aglutinar mayor densidad de gente que una zona con recursos más limitados. Las relaciones que se establecían entonces entre los grupos nos son aún desconocidas.

Algunos estudios condicionan a la inclusión de la proteína el salto cuantitativo en la esperanza de vida de los seres humanos, incluso lo relacionan con el desarrollo del cerebro. ¿Rebañar los caparazones de las tortugas, como narra su estudio, no era solo gula, sino algo vital?

Es probable. Las tortugas son una fuente de proteínas. Son animales lentos de movimientos y no son peligrosos. Cogerlos era fácil, aunque esta no parecía ser una actividad muy habitual.

Las frutas también les alejaban del escorbuto, por citar una enfermedad mítica. Junto con los huesos de animales han encontrado huesos de frutas. ¿También estaban rebañados?

La conservación de elementos vegetales con esta antigüedad es difícil. Sin embargo, en el nivel 6 de Gran Dolina, con 800.000 años de antigüedad, se han encontrado huesos de almez. Es posible que esos frutos los ingirieran los homínidos. Sin embargo, hay técnicas para conocer el componente vegetal de estos homínidos, como la microestriación dentaria. Todas ellas indican que los vegetales eran muy importantes en su dieta y que podían representar incluso más del 85%.

El ser humano ha cambiado en cierta medida en su aspecto físico: es más alto, la nariz más fina, el cráneo más redondo… ¿El aparato digestivo también ha variado?

El aparato digestivo tuvo su gran cambio hace más de un millón y medio de años en África, cuando se conocen las primeras formas humanas modernas (Homo ergaster). Los homínidos anteriores tenían el vientre más abultado, similar en proporciones al de los grandes simios. Hay autores que han sugerido otros cambios con posterioridad, debido al uso sistemático del fuego. Según estos investigadores, el asado de la carne permitió eliminar elementos patógenos que antes se ingerían con toda naturalidad y que se procesaban sin problemas. En este sentido, parece que el fuego nos devolvió un sistema inmunológico más débil.

Más allá de la voluntad individual, ¿hay alguna razón científica que avale practicar dietas como la de los antepasados más lejanos o más cercanos en el tiempo? Sus defensores aseguran que el ser humano no ha experimentado una evolución suficiente y que la alimentación actual es contraproducente.

El carroñeo entre Australopithecus garhi, para mí, representa una de las primeras manifestaciones de la inclusión de carne en nuestra dieta. Es posible que esta ingestión más o menos regular de carne tuviera incidencias en el desarrollo del cerebro grande tan característico del género Homo. Sin embargo, a medida que se avanza en el tiempo, la dieta experimenta variaciones importantes. Al principio, la dieta está muy ligada a los recursos del medio en el que se encuentran los grupos. Pero a posteriori se observa cierta selección de algunos elementos que podrían tener razones más culturales. Estamos hablando ya de Homo sapiens. El Neolítico y la acumulación de recursos suponen la culminación de este proceso. Hoy en día podemos seleccionar de nuestro medio lo que deseemos. Podemos diseñar nuestra dieta en función de nuestras apetencias, los sabores, nuestra curiosidad o nuestras necesidades metabólicas. El resultado es nuestra gran longevidad. Por tanto, no creo que esto pueda ser contraproducente.

SOLO COMEMOS LO QUE PODEMOS COMER

La necesidad de estudiar los orígenes del ser humano y dotar de dimensión la curiosidad científica radica en saber en qué puede condicionar a la vida actual el pasado remoto. ¿Qué podemos aprender de nuestros antepasados? ¿Hay alguna respuesta que nos sirva en nuestra aplicación práctica actual? La científica Blasco afirma que “todas las facetas históricas pueden ser utilizadas para sacar lecciones, incluida la dieta”.

Ruth Blasco plantea una reflexión. “Durante buena parte de nuestra evolución biológica, nos hemos alimentado con unos recursos limitados que nos ofrecía el medio y nuestra esperanza de vida no superaba los 40 años. Hace solo unos 10.000 años aprendimos a acumular estos recursos y a procesarlos de la manera que nos parecía más apetitosa. Hoy en día, las sociedades industriales han ampliado el abanico de recursos. La dieta puede ser muy variada y el comer se ha convertido en un arte”.
Sabido todo esto, y que la esperanza de vida en el mundo occidental se ha duplicado, la investigadora evidencia que “estamos plagados de enfermedades relacionadas con la nutrición y el estilo de vida: caries, colesterol, gota”. ¿Por qué a diferencia de los antepasados tan lejanos, ahora ya no comemos lo que podemos, sino solo lo que podemos comer?

martes, 8 de noviembre de 2011

TRAS LOS PRIMEROS CAZADORES DE AMERICA DEL NORTE HACE 14.000 AÑOS.

Un nuevo capítulo ha sido añadido a la prehistoria de América del Norte, en lo que respecta a los primeros cazadores y su búsqueda de los ahora extintos mastodontes.

El equipo del profesor Eske Willerslev, de la Universidad de Copenhague en Dinamarca, en colaboración con el equipo de Michael Waters, de la Universidad de Texas A & M en Estados Unidos, han demostrado que la caza de grandes mamíferos se produjo al menos 1.000 años antes de lo previsto – hace al menos 14.000 años. Los resultados han sido publicados hoy en la revista científica ‘Science’.

Los primeros vestigios de la caza de mastodontes en América del Norte han sido previamente atribuidos la llamada cultura Clovis. La cultura Clovis se remonta unos 13.000 años y es considerada un tipo de cultura ancestral común para todas las tribus indígenas de América del Norte.

“Estamos ante una prueba más de que los humanos han estado presentes en América del Norte antes de lo que se creía” dice el profesor Eske Willerslev, director del Centro de Geogenética en el Museo de Historia Natural de Dinamarca. La evidencia la representa el hallazgo y análisis de una punta de proyectil (punta de lanza), encontrada junto a los restos de un mastodonte.

Concretamente, la punta de lanza fue extraída del hueso de mastodonte encontrado en Manis, en el estado de Washington, a finales de 1970. Sin embargo, pasarían 30 años antes de que un equipo de investigadores fuera capaz de datar tanto la punta de lanza, como la costilla de mastodonte en la que se encontraba incrustada. Ahora, esta datación se ha llevado a cabo mediante, entre otras cosas, el análisis de ADN, la secuenciación de proteínas, la tecnología informática avanzada, y las comparaciones con los resultados de otros mastodontes de América del Norte encontrados, por ejemplo, en el estado de Wisconsin.

“Nuestra investigación muestra ahora la existencia de otros cazadores, presentes por lo menos 1.000 años antes de la cultura Clovis. Por lo tanto, no fue una guerra repentina o una intensa matanza de mastodontes durante la cultura Clovis lo que hizo que la especie desapareciera; ahora podemos concluir que la caza de los animales se extendió a lo largo de un período de tiempo mucho más largo. En estos momentos, sin embargo, desconocemos si fue la caza, por parte del hombre, de mastodontes, mamuts y otros animales grandes lo que provocó que se extinguieran. Tal vez la razón haya sido completamente diferente, por ejemplo, el clima”, afirma el profesor Eske Willerslev.

Hace tres años, Eske Willerslev y su equipo de investigación establecieron que los primeros vestigios de seres humanos en América del Norte se remontan unos 14.340 años, y que los norteamericanos nativos actuales en los Estados Unidos son descendientes de estos inmigrantes que vinieron de Asia.

LOS SAPIENS LLEGAROS A EUROPA ANTES DE LO QUE SE PENSABA, HACE UNOS 45.000 AÑOS.

La llegada de los humanos modernos a Europa vuelve esta semana a la palestra científica con dos trabajos, publicados en la revista 'Nature', que adelantan unos cuantos milenios su aterrizaje en el oeste del continente. Restos fosilizados, encontrados hace décadas, han sido analizados de nuevo y, según los investigadores, pertenecieron a 'Homo sapiens' de hace entre 40.000 y 45.000 años que vivieron en Italia y al sur de Inglaterra.

Hasta ahora, los fósiles más antiguos de nuestra especie se habían encontrado en Rumanía (Pestera cu Oase), mucho más al este, y tenían menos de 40.000 años de antigüedad. Ahora, el cambio de fecha, si se confirma, supondría que convivieron más años con los neandertales y que tecnologías sofisticadas atribuidas a estos últimos realmente fueron realizadas por nuestra especie. Sin embargo, no todos los expertos están de acuerdo con estas conclusiones.

Uno de los fósiles del estudio, parte de un maxilar superior, fue encontrado en 1927 en la Caverna de Kent, en Inglaterra. Unas pruebas con radiocarbono, realizadas en 1987, los situó hace unos 35.000 años, pero ahora han sido investigados de nuevo en la Universidad de Oxford. En concreto, y dado que la excavación tuvo lugar hace más de 80 años, los investigadores han estudiado ahora fósiles de otros animales de la colección del Museo de Historia Natural de Torquay. Y su conclusión es que el fragmento del maxilar perteneció a un humano moderno que vivió hace unos 43.000 años.

El estudio de Oxford, detecta en las piezas dentales rasgos que también podrían ser de neandertales, pero sus autores consideran que predominan los de 'Homo sapiens', a quien atribuyen unas herramientas de piedra de tecnología Aurignaciense (más avanzada que la musteriense de los neandertales) encontradas en el mismo lugar. "Con ello se demuestra la rápida y amplia dispersión de los humanos modernos por toda Europa hace más de 40.000 años", concluyen.

HALLAN EN ARGENTINA MAMIFEROS COETANEOS A LOS DINOSAURIOS.

Cronopio es el nombre que se le da al pequeño mamífero que vivió en la Patagonia hace más de 90 millones de años y cuyo nombre es un homenaje al escritor Julio Cortázar.

Los primeros fósiles de mamíferos sudamericanos del tiempo de los dinosaurios fueron hallados en la Patagonia argentina.

El descubrimiento es considerado tan importante que ha sido descrito como una Piedra de Rosetta de la paleontología, que permitirá responder enigmas hasta ahora imposibles de resolver.

“Lo que hallamos fueron restos de dos individuos, dos especimenes de un mamífero fósil de unos 94 a 95 millones de años, al cual bautizamos como Cronopio. Es una especie nueva, no se conocía y pertenece a un grupo extinto”, explicó a la agencia de noticias BBC Mundo el Dr. Guillermo Rougier, autor principal del estudio publicado en la revista Nature.

Rougier, nacido en Argentina, es actualmente profesor de la Universidad de Louisville, en Kentucky, Estados Unidos.

“Lo importante del hallazgo es que ayuda a romper un espacio sin registros fósiles de casi 60 millones de años. Durante el tiempo que llamamos el Cretácico en Sudamérica, se conocían mamíferos que eran de alrededor de 130 millones de años y mamíferos que eran de unos 65 millones de años”.

“Este animal nuevo cae más o menos en el medio. Para darles una idea de qué es lo que significa 60 millones de años, es la misma cantidad de tiempo que ha ocurrido desde la extinción de los grandes dinosaurios. Es decir, es una cantidad enorme de tiempo sobre la cual no conocíamos absolutamente nada”.

Otro aspecto fundamental del descubrimiento es que se trata de cráneos y mandíbulas.

“Los cráneos de los animales contienen gran cantidad de información. Usualmente lo que se encuentran son sólo dientes, pero el cráneo es mucho más complejo. Estos fósiles se van a convertir en una referencia obligada para cualquier trabajo sobre mamíferos antiguos”.

Grandes caninos

Al estudiar un cráneo es sencillo saber si se trata de un mamífero, según Rougier.

Los mamíferos son los únicos animales que se conocen que tienen dientes complejos, con muchas cúspides, explicó el experto.

“La masticación es una característica típicamente mamaliana que afecta no sólo a los dientes sino a los músculos de la masticación y estos músculos a su vez dejan impresiones en los huesos sobre los que actúan. Cuando uno encuentra una mandíbula con dientes complejos, con esmalte, con inserciones musculares de determinada forma es muy fácil saber que se trata de un mamífero”.

Cronopio era muy pequeño. “Como todos los animales que vivieron durante la época de los dinosaurios, en lo que se llama el Mesozoico, particularmente el período Cretácico, este mamífero tenía más o menos 2,6 cm de largo”.

Una de las características singulares es que tenía caninos, es decir, dientes anteriores extremadamente grandes y puntiagudos.

“Esto es muy inusual en los mamíferos de este tamaño y nos sorprendió muchísimo. No hay un paralelo viviente que nos sirva de referencia y no se conocían tampoco como formas fósiles, así que ha sido una gran novedad”.

Es difícil saber de qué se alimentaba Cronopio, pero Rougier piensa que probablemente comía insectos, ya que gran parte de los animales con dientes agudos son insectívoros. Los caninos probablemente le ayudaban en la masticación de insectos y a atravesar caparazones.

El mundo de Cronopio

Los cráneos fueron hallados en la provincia de Rio Negro, en el sur de Argentina.Hoy en día es una zona desértica, pero era un mundo muy diferente cuando Cronopio vivía en esta región.

“Hace 95 millones de años esta zona era una zona subtropical con una abundante fauna constituida por dinosaurios carnívoros, dinosaurios herbívoros, cocodrilos terrestres, serpientes con patas, lagartos. Sabemos que existía un gran río que pasaba muy cerca y que desagotaba en un lago”, indicó Rougier.

“La cordillera de los Andes no se encontraba, los grandes ríos drenaban hacia el Pacífico, Sudamérica estaba conectada a la Antártida y ésta a su vez conectada a Australia. África se encontraba muy cerca de Sudamérica, no más lejos de lo que está hoy en día África de Europa, por lo cual el intercambio de fauna entre África y Sudamérica era posible. No sería nada raro que haya habido formas semejantes a Cronopio en África”.

Separar los cráneos de la roca fue un proceso arduo.

“Cuando uno encuentra un fósil en el campo muchas veces sólo ve una pequeñita porción, así que lleva muchos años extraerlos de la roca. Nos llevó dos años sacar el fósil del bloque de roca, esto se hace bajo microscopio en forma manual, es un trabajo de joyería que se hace muy despacio. Los fósiles son muy frágiles y tienen que ser tratados con mucho cuidado”



martes, 18 de octubre de 2011

HOMO MAURITANICUS.


Algunos prehistoriadores ha propuesto de la posibilidad de una colonización del continente europeo a través del estrecho de Gibraltar. Pero nunca se han podido aportar pruebas solventes para sostener esta hipótesis; es más, todas las evidencias sugieren que la evolución humana en el norte de África no tuvo nada que ver con la que sucedía al otro lado del mar. Hasta la llegada de los tiempos históricos el Mediterráneo no fue el medio de conexión entre todos los pueblos de la región, sino una barrera infranqueable.
 
El norte de África fue colonizado por el género Homo hace al menos dos millones de años, prácticamente desde su origen en el este del continente. Así lo testimonian varios yacimientos de Túnez (Wadi Saura), Argelia (Ain Hanech) y Marruecos (Tardiguet-er Rahla y Douar-Doum), en los que se han hallado millares de herramientas de confección muy arcaica y donde algún día aparecerán fósiles humanos. La falta de yacimientos de esta época en otros países, como Libia, puede tener más relación con la inestabilidad política y la ausencia de investigaciones que con las posibilidades reales de su existencia.
 
La progresiva expansión del desierto del Sahara durante el Pleistoceno dejó aislado el norte de África de los centros principales de la evolución humana durante milenios. Sin embargo, existen datos a favor de reverdecimientos cíclicos de esa enorme región, que pudieron favorecer la vida de los homínidos y su migración hacia la rivera sur del Mediterráneo. Las zonas costeras de Argelia y Marruecos tienen yacimientos fabulosos, como los de Sidi Abderrahaman, Thomas Quarry, Rabat y Salé (Marruecos) o el de Tighenif (Argelia). Este último fue excavado en los años 1960 por el geólogo francés Camille Arambourg. Se estima que este yacimiento tiene unos 700.000 años de antigüedad y en él se encontraron varios fósiles humanos, atribuidos en principio a la especie Homo mauritanicus. Por aquello de que Europa empieza en los Pirineos, algunos colegas han querido mezclar en la misma especie a los fósiles del norte de África con los del yacimiento de Gran Dolina de la sierra de Atapuerca (Homo antecessor). Por razones de prioridad taxonómica, la especie Homo antecessor tendría que desaparecer.
 
Lo más curioso del caso es que estos colegas no aportan datos para soportar sus hipótesis, sino que utilizan lo que yo denomino «criterio de autoridad académica». Los paleoantropólogos del CENIEH si hemos realizado el correspondiente estudio de anatomía comparada entre los fósiles de Tighenif y los de Gran Dolina. Las diferencias son tan obvias, que resultan incluso llamativas. Los homínidos de Europa y los del norte de África estuvieron ciertamente muy próximos, pero su evolución fue totalmente independiente durante todo el Pleistoceno. 

Articulo realizado por Jose Maria Bermudez de Castro.

viernes, 30 de septiembre de 2011

EL SIDRON: PRÁCTICAS CANIBALES ENTRE NEANDERTALES.

La campaña de excavaciones suma otro centenar de fósiles de la especie extinguida.

«Buena cosecha». La expresión del profesor Marco de la Rasilla resume con claridad los extraordinarios resultados de la campaña de excavaciones desarrollada un año más -y ya son once- en la cueva del Sidrón. Un centenar de fósiles neandertales, extraídos a lo largo del mes de septiembre, se suma a los más de dos mil reunidos en anteriores investigaciones.

Costillas, falanges, un molar, un fragmento de maxilar con piezas dentales, vértebras, un metatarso, un omóplato, una clavícula y un fragmento de fémur con las marcas de corte típicas de la práctica de canibalismo, son algunos de los restos óseos más significativos de la campaña que finaliza hoy en la cueva piloñesa.

El fémur es uno de los fósiles que más interesaron al paleontólogo Antonio Rosas, responsable de los estudios que se desarrollan en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Lo considera una pieza «muy didáctica» por todo lo que puede aportar a las investigaciones en marcha sobre la antropofagia de los neandertales. En el hueso se aprecian claramente las rayas producidas en uno de los lados al ser descarnado y un golpe de fractura en el otro extremo para extraer el tuétano.

A los restos humanos, los arqueólogos suman otras piezas de industria lítica («una raedera espléndida de cuarcita») y restos de fauna (ciervo, oso, bisonte). En resumidas cuentas, una colección de primer orden que sigue sorprendiendo porque la excavación consigue mantener el alto volumen de fósiles a pesar de haber transcurrido más de una década desde que se extrajeron los primeros restos.

La fertilidad del yacimiento del Sidrón destaca la importancia de la zona como lugar de asentamiento de una especie humana desaparecida hace 35.000 años de la que hay muy pocas evidencias en la península Ibérica. Ningún otro lugar de los que se estudian en distintas comunidades ofrece ni siquiera una décima parte del conocimiento neandertal que ha puesto sobre la mesa la cueva asturiana.

El equipo dirigido por Marco de la Rasilla descartó este año el sistema de «extracción limpia» utilizado en otras ocasiones para evitar que los huesos sean contaminados con ADN humano. Esta estrategia, pionera en la cueva asturiana, es hoy reconocida internacionalmente y fue crucial para conseguir fósiles no contaminados con vistas al proyecto «Genoma Neandertal».

En el mes transcurrido en el interior de la cueva se afrontaron más trabajos: los arqueólogos intentaron abrir nuevos conductos y realizaron sondeos en la galería de los huesos, una zona más apartada donde ya había indicios de que podía tener interés. Otro empeño finalizado fue el estudio topográfico de toda la gruta y conseguir definir y situar en el plano las pinturas que se encuentran junto a otra de las entradas de la caverna. Es el mismo lugar donde hay algunos grabados, asunto más complejo porque es necesario discernir entre los zarpazos de los osos con los que se mezclan.

Uno de los indicativos de que este grupo de neandertales vivía cerca del lugar donde se encontraron sus restos fue el hallazgo de las distintas lascas sacadas de un núcleo de cuarcita durante el proceso de talla para conseguir un bifaz u otro útil de piedra. Indica que realizaban muy cerca de allí sus herramientas. Este año volvieron a encontrar lascas y están convencidos de que forman parte del proceso de talla de alguna herramienta.

En los últimos once años el yacimiento del Sidrón pasó de ser desconocido a referente mundial de la especie neandertal. Gracias a sus fósiles el conocimiento de la especie es hoy mucho más amplio y conseguimos saber, en contra de la idea más generalizada, que neandertales y humanos modernos se cruzaron en algún momento de su vida. Como explica Antonio Rosas, «los genes neandertales se dispersaron rápida y eficazmente en la descendencia humana, por lo que todos nosotros llevamos en nuestras células genes de neandertal».

BIENVENIDA.

ES UN PLACER COMPARTIR CON VOSOTROS ESTA FASCINANTE AVENTURA QUE ES LA PREHISTORIA.